viernes 10 de septiembre de 2010

¿EL OCASO DEL RÉGIMEN?

Recientes declaraciones públicas de Fidel Castro y posteriores desmentidas, hacen pensar en que el fin del régimen totalitario cubano podría estar próximo. 
"El modelo cubano ya no nos funciona ni a nosotros" fue la frase con la cual Fidel Castro sorprendió a la opinión pública mundial una vez más. 
El líder cubano reapareció en público hace dos meses, tras cuatro años recluido por enfermedad y a los 84 años demostró que no perdió la capacidad de generar polémica. 
Castro fue entrevistado a comienzos de septiembre en La Habana por el periodista Jeffrey Goldberg, junto a la experta norteamericana en Relaciones Exteriores Julia Sweig. Fueron más de diez horas de conversaciones y encuentros durante varios días. En ese tiempo hablaron de los temas de actualidad preferidos por el líder comunista, especialmente el conflicto árabe-israelí y la posibilidad del estallido de una guerra nuclear si continúan las tensiones entre Occidente e Irán. En ese contexto, Castro se despachó con la declaración que recorrió el mundo y que fue interpretada del derecho y del revés por analistas políticos de todo el globo. 
Hacía muy poco tiempo había dejado perplejo a más de uno al reconocer su responsabilidad en la política de persecución a los homosexuales durante las décadas de los sesenta y setenta. Fue por aquella época que el novelista, dramaturgo y poeta, Reynaldo Arenas padeció la tenaz persecución castrista por partida doble: por lo que pensaba y por su elección sexual. 
Pero luego del revuelo, vino la desmentida. Ahora Castro sostiene que fue malinterpretado, o que en realidad debía interpretarse lo contrario de lo que dijo y aclara: "es el sistema capitalista el que ya no sirve para Estados Unidos ni para el mundo". El dictador sostiene que dijo esa frase "sin amargura ni preocupación" y que se divirtió al ver cómo la interpretó el periodista al pie de la letra. Buena parte de la prensa interpretó que la declaración suponía un reconocimiento del fracaso económico cubano y un espaldarazo a su hermano Raúl Castro en su política de reformas al frente del gobierno cubano. 
"Lo real es que mi respuesta significaba lo contrario de lo que ambos periodistas norteamericanos interpretaron sobre el modelo cubano", aclaró Castro. Pero cuando aclara oscurece. ¿Acaso cometió un acto fallido, con lo cual realmente piensa lo que dijo? ¿Acaso optó por divertirse a costa de la estabilidad del gobierno de su hermano y las manifiestas dificultades que presenta para mantener el modesto nivel de vida de los cubanos? ¿O será quizás tan simple como una mala pasada producto del agotamiento de la mente de un anciano de 84 años que debería estar ya retirado de la vida pública? 
Esta última opción parece tan razonable como el hecho de que el régimen castrista en si mismo parece agotado tras más de cincuenta años en el poder y escasos beneficios para los habitantes de la isla. 
Es difícil estar en desacuerdo con los objetivos originales de la revolución cubana que proponía salvar al país de la indignidad y transformarlo en justo, libre y soberano. Porque en 1959, la isla estaba sometida a una dictadura opresiva que sólo tributaba beneficios para empresas e individuos estadounidenses. Pero, lamentablemente, en su aplicación sólo cumplió el último objetivo -el de la soberanía- y a medias, dado que debió seguir la política exterior de la totalitaria Unión Soviética durante tres décadas. Con el tiempo, la revolución se desnaturalizó. No sólo incumplió los objetivos fijados, sino que, en los hechos, los mutó por otros. Fiel a los consejos que Maquiavelo ofreció al déspota, la revolución cubana se limitó a “alcanzar el poder” en primer lugar y “conservarlo” después. 
El régimen cubano, pregonero del progresismo, es en los hechos conservador. Reemplazó un statu quo injusto por otro, afín a otra élite dirigente. Una “élite” es un grupo de personas idóneas, capaces de alcanzar el poder y ejercerlo. Ahora bien, tal como lo explicaron oportunamente Wilfredo Pareto y Gaetano Mosca, para la salud política de la sociedad, las élites deben circular, porque si se estancan, envejecen y mueren y las sociedades quedan virtualmente decapitadas. Los totalitarismos como patología política y social se caracterizan por la paranoia de aquellos que pertenecen a la élite y temen ser desplazados. Por lo tanto, ellos mismos impiden la circulación de las élites. El resultado es que los totalitarismos tienden a generar “gerontocracias”, es decir, el gobierno de las mismas personas, las cuales por producto de la biología y el paso del tiempo, se transforman en ancianos. Fidel Castro acaba de cumplir 84 años y gobernó en los hechos hasta hace cuatro. Su hermano y heredero político, Raúl, tiene 79 años. Las semejanzas con la Unión Soviética, China Comunista o Corea del Norte resultan escalofriantes. 
La situación preexistente al castrismo en Cuba, con una dictadura capitalista inmoral sostenida desde los Estados Unidos que consumía parasitariamente la dignidad de los isleños es, a todas luces, indefendible. Pero idénticamente injustificable resulta el combate del mal con el mal, de la dictadura con la dictadura, del terror con el terror. 
Alrededor de dos millones de cubanos viven en el exilio actualmente, sobre un total de más de 13 millones de compatriotas. Quienes expresan que los cubanos que viven en la isla eligen periódicamente a sus autoridades y defienden al gobierno, deberían recordar también que existe un único partido político -el oficial- que todos los regímenes totalitarios son plebiscitarios y que mayoritariamente no es la afinidad al gobierno sino el temor a la represalia lo que genera la defensa. 
La promocionada dignidad del pueblo cubano tal vez pueda verse en los circuitos turísticos pero no tierra adentro. Algunos indicadores de esa dignidad podrían ser los balseros que dejaron la isla para llegar a Miami o morir en el intento, los homosexuales perseguidos, los artistas condenados, el impedimento de viajar al exterior por el temor del régimen a la fuga y una larga lista de etcéteras. 
Por supuesto que no se puede estar de acuerdo con las atrocidades que el capitalismo ilimitado y sin control ha cometido en distintas partes del mundo. Pero por los desastres del capitalismo debe pagar el capitalismo y por los desastres del comunismo, debe pagar el comunismo. Cuba dejó de ser el “prostíbulo de los Estados Unidos” para convertirse en un templo en cuyo altar se continúa adorando a un hombre que tal vez ya ni siquiera tenga un control real de lo que dice. 
Las élites totalitarias llegan a su fin biológicamente, cuando ya no hay nadie capaz de ejercer el poder. Algo de eso comienza a sucederle al castrismo y, en ese caso, estaríamos ante el ocaso del régimen.

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