Las repercusiones en la región por el deceso de Néstor Kirchner ameritan un repaso de la política exterior argentina de los últimos tiempos y del futuro de América del Sur. La muerte de un político no constituye solamente un hecho biológico o social. Constituye un hecho político. Como tal, genera impactos de distinta naturaleza. El fallecimiento de Néstor Kircher el pasado 27 de octubre produjo que en sólo veinticuatro horas, ocho de los otros nueve países relevantes de la América del Sur estuvieran presentes junto a Cristina Fernández de Kirchner. 

Los presidentes de Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva; de Venezuela, Hugo Chávez; de Bolivia, Evo Morales; de Paraguay, Fernando Lugo; de Colombia, Juan Manuel Santos; de Chile, Sebastián Piñera, de Ecuador, Rafael Correa y de Uruguay, José Mujica, se hicieron presentes en la Casa Rosada para despedirse del ex mandatario y Secretario General de la Unión de Naciones Sudamericanas -UNASUR- haciendo al mismo tiempo extensivo su solidaridad para con la viuda de Kirchner. Estuvieron ausentes el mandatario peruano, Alan García, y sus pares de Surinam y Guyana. No estuvo presente ningún jefe de Estado o de gobierno que no fuera sudamericano. El mensaje político fue claro.
Las expresiones de cariño de los mandatarios sudamericanos presentes fueron notorias y estuvieron claramente fuera del protocolo, tal como hubiera preferido Kirchner. En estos hechos, no hubieron casualidades. Como no fue casual que la despedida al ex presidente se hiciera en la Galería de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada.
La presencia de la indiscutida mayoría de los máximos líderes regionales para despedir los restos de Néstor Kirchner, expresa el reconocimiento de ellos por su labor a favor de la integración sudamericana. Y no está de más resaltarlo: unidad sudamericana, no latinoamericana.
Sudamérica constituye un grupo de países con proximidad geográfica, histórica y política mucho más delimitado y realista que Latinoamérica. Pero por sobre todo, Latinoamérica debería incluir a la enorme comunidad latina de los Estados Unidos, a América Central y, por sobre todo, a México. La construcción de la UNASUR, en la cual Kirchner contribuyó significativamente, es la materialización de una decisión política de los países sudamericanos de construir un destino común, alejados de la dependencia política de los Estados Unidos, de uno de sus principales aliados, México y cerca del liderazgo del país más poderoso de la región: Brasil.
El proyecto de integración regional de la UNASUR tuvo desde su inicio el objetivo de construir, de manera participativa y consensuada, un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus integrantes, utilizando el diálogo político, las políticas sociales, la educación, la energía, la infraestructura, la financiación y el medio ambiente, entre otros tópicos, para combatir la desigualdad socioeconómica, generar inclusión social, ampliar la participación ciudadana y fortalecer la democracia. UNASUR apareció como una instancia superadora al Mercado Común del Sur -MERCOSUR- y a la Comunidad Andina de Naciones -CAN- con una impronta eminentemente política antes que económica e inclusiva de los diferentes actores políticos de la región, independientemente de la extracción ideológica de cada uno. De hecho, participan de ella todos los países de Sudamérica.
El hecho de que Néstor Kircher fuera el primer secretario general del bloque regional tuvo varios significados. El primero de ellos, es el reconocimiento de los líderes políticos sudamericanos a la persona de Néstor Kirchner por su labor en pos de la unidad sudamericana. Abocado en el primer tramo de su gobierno -entre 2003 y 2005- a resolver la crítica situación doméstica de Argentina, Kirchner comenzó a implementar su política exterior de manera clara y tajante a partir de la IV Cumbre de las Américas realizada en 2005 en la ciudad de Mar del Plata. Esa reunión marcó el fin del proyecto estadounidense de construir un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). En esa oportunidad, Kirchner enterró públicamente las expectativas de George W. Bush en un encuentro personal, mientras permitió que su amigo, Hugo Chávez, Junto a Evo Morales y el futbolista Diego Maradona, expresaran junto a una multitud su negativa al proyecto estadounidense en una concentración realizada en la misma ciudad. Algo que debe observarse es que Kirchner, pese a su amistad con Chávez, pese a los gestos y a las fotos, transitó un camino intermedio entre la pretensión estadounidense del ALCA y la venezolana de la construcción de una Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). Kirchner mantuvo una relación de amigo con Chávez pero siempre entre pares, y de un modo implícito reconoció el liderazgo político regional de Brasil. Hubiera sido una tamaña torpeza proceder de otra manera.
El segundo, es que la secretaría general constituyó el primer órgano permanente de UNASUR, dotando al bloque de un mayor grado de institucionalidad política. Se trataba del primer paso en la creación de instituciones regionales sólidas, previas a la construcción de un parlamento sudamericano.
Desde la secretaría general de la UNASUR, Kirchner hizo un aporte sustancial a acercar a colombianos y venezolanos tras una disputa por el presunto cobijo que el gobierno de Chávez le dispensara a guerrilleros colombianos. Debe decirse también que, a pesar de su pertenencia ideológica, Kirchner simpatizaba y mantenía excelentes relaciones personales con con Álvaro Uribe, ex presidente colombiano y uno de los máximos referentes conservadores de la región. En breve tiempo, desarrolló un vínculo amistoso con el nuevo mandatario chileno, Sebastián Piñera, quien se sitúa en las antípodas ideológicas del ex presidente argentino.
Debe reconocerse que, pese a formas que pudieran resultar confusas, la política exterior de Néstor Kircher y de su esposa y sucesora es coherente. Argentina ya no está alineada con los Estados Unidos. Propicia el multilateralismo y el país participa activamente de numerosos foros internacionales. Mantiene -quizás de un modo más beligerante- el permanente e inclaudicable reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur. En este punto, obtuvo el respaldo de la UNASUR al reclamo de la República Argentina sobre esos territorios. Pero por sobre todo, situó a la Argentina dentro de un contexto regional posible como el que encarnó en la UNASUR y que reconoce, alienta y engrandece el liderazgo de la indiscutible potencia local. Brasil es país amigo y aliado de Argentina. Los futuros de ambos países están estrechamente ligados.
El futuro de UNASUR es promisorio en tanto y en cuanto se profundice su institucionalización y especialmente en tanto se continúe actuando mancomunadamente de manera independiente a las diferencias políticas e ideológicas, poniendo énfasis en lo que une y no en lo que divide a los sudamericanos. Una Sudamérica actuando en consonancia es mucho más factible que una Latinoamérica mucho más difusa y soñable que realizable.
Las expresiones de cariño de los mandatarios sudamericanos presentes fueron notorias y estuvieron claramente fuera del protocolo, tal como hubiera preferido Kirchner. En estos hechos, no hubieron casualidades. Como no fue casual que la despedida al ex presidente se hiciera en la Galería de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada.
La presencia de la indiscutida mayoría de los máximos líderes regionales para despedir los restos de Néstor Kirchner, expresa el reconocimiento de ellos por su labor a favor de la integración sudamericana. Y no está de más resaltarlo: unidad sudamericana, no latinoamericana.
Sudamérica constituye un grupo de países con proximidad geográfica, histórica y política mucho más delimitado y realista que Latinoamérica. Pero por sobre todo, Latinoamérica debería incluir a la enorme comunidad latina de los Estados Unidos, a América Central y, por sobre todo, a México. La construcción de la UNASUR, en la cual Kirchner contribuyó significativamente, es la materialización de una decisión política de los países sudamericanos de construir un destino común, alejados de la dependencia política de los Estados Unidos, de uno de sus principales aliados, México y cerca del liderazgo del país más poderoso de la región: Brasil.
El proyecto de integración regional de la UNASUR tuvo desde su inicio el objetivo de construir, de manera participativa y consensuada, un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus integrantes, utilizando el diálogo político, las políticas sociales, la educación, la energía, la infraestructura, la financiación y el medio ambiente, entre otros tópicos, para combatir la desigualdad socioeconómica, generar inclusión social, ampliar la participación ciudadana y fortalecer la democracia. UNASUR apareció como una instancia superadora al Mercado Común del Sur -MERCOSUR- y a la Comunidad Andina de Naciones -CAN- con una impronta eminentemente política antes que económica e inclusiva de los diferentes actores políticos de la región, independientemente de la extracción ideológica de cada uno. De hecho, participan de ella todos los países de Sudamérica.
El hecho de que Néstor Kircher fuera el primer secretario general del bloque regional tuvo varios significados. El primero de ellos, es el reconocimiento de los líderes políticos sudamericanos a la persona de Néstor Kirchner por su labor en pos de la unidad sudamericana. Abocado en el primer tramo de su gobierno -entre 2003 y 2005- a resolver la crítica situación doméstica de Argentina, Kirchner comenzó a implementar su política exterior de manera clara y tajante a partir de la IV Cumbre de las Américas realizada en 2005 en la ciudad de Mar del Plata. Esa reunión marcó el fin del proyecto estadounidense de construir un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). En esa oportunidad, Kirchner enterró públicamente las expectativas de George W. Bush en un encuentro personal, mientras permitió que su amigo, Hugo Chávez, Junto a Evo Morales y el futbolista Diego Maradona, expresaran junto a una multitud su negativa al proyecto estadounidense en una concentración realizada en la misma ciudad. Algo que debe observarse es que Kirchner, pese a su amistad con Chávez, pese a los gestos y a las fotos, transitó un camino intermedio entre la pretensión estadounidense del ALCA y la venezolana de la construcción de una Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). Kirchner mantuvo una relación de amigo con Chávez pero siempre entre pares, y de un modo implícito reconoció el liderazgo político regional de Brasil. Hubiera sido una tamaña torpeza proceder de otra manera.

El segundo, es que la secretaría general constituyó el primer órgano permanente de UNASUR, dotando al bloque de un mayor grado de institucionalidad política. Se trataba del primer paso en la creación de instituciones regionales sólidas, previas a la construcción de un parlamento sudamericano.
Desde la secretaría general de la UNASUR, Kirchner hizo un aporte sustancial a acercar a colombianos y venezolanos tras una disputa por el presunto cobijo que el gobierno de Chávez le dispensara a guerrilleros colombianos. Debe decirse también que, a pesar de su pertenencia ideológica, Kirchner simpatizaba y mantenía excelentes relaciones personales con con Álvaro Uribe, ex presidente colombiano y uno de los máximos referentes conservadores de la región. En breve tiempo, desarrolló un vínculo amistoso con el nuevo mandatario chileno, Sebastián Piñera, quien se sitúa en las antípodas ideológicas del ex presidente argentino.
Debe reconocerse que, pese a formas que pudieran resultar confusas, la política exterior de Néstor Kircher y de su esposa y sucesora es coherente. Argentina ya no está alineada con los Estados Unidos. Propicia el multilateralismo y el país participa activamente de numerosos foros internacionales. Mantiene -quizás de un modo más beligerante- el permanente e inclaudicable reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur. En este punto, obtuvo el respaldo de la UNASUR al reclamo de la República Argentina sobre esos territorios. Pero por sobre todo, situó a la Argentina dentro de un contexto regional posible como el que encarnó en la UNASUR y que reconoce, alienta y engrandece el liderazgo de la indiscutible potencia local. Brasil es país amigo y aliado de Argentina. Los futuros de ambos países están estrechamente ligados.
El futuro de UNASUR es promisorio en tanto y en cuanto se profundice su institucionalización y especialmente en tanto se continúe actuando mancomunadamente de manera independiente a las diferencias políticas e ideológicas, poniendo énfasis en lo que une y no en lo que divide a los sudamericanos. Una Sudamérica actuando en consonancia es mucho más factible que una Latinoamérica mucho más difusa y soñable que realizable. Las imágenes de los presidentes sudamericanos acompañando a Cristina Fernández y despidiendo al amigo, hicieron que, al menos por veinticuatro horas, todos ellos fueran sudameri “k” nos.
Excelente articulo Mariano, totalmente de acuerdo y seguramente la politica exterior se mantendra en este sentido y en unasur tambien, es ademas un deseo personal por el bien de todos. Saludos.
ResponderEliminarGracias Marian por tus consideraciones.
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