El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, ha buscado recuperar en lo que va de 2011 un protagonismo en el escenario político internacional que había perdido. El objetivo: las elecciones presidenciales de 2012 en su país.
Luego de algunos años en aparente calma, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, parece decidido a recuperar protagonismo internacional para su país y para sí mismo. Conocedor de la idiosincrasia de su pueblo, sabe que apelando al orgullo de los franceses en el plano global, puede remontar su alicaída imagen. Lo cierto es que los resultados en las elecciones locales han sido desfavorables en los últimos tiempos para Sarkozy y su partido, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), incluidas las de hace menos de un mes, que le dieron la victoria al Partido Socialista. A eso se le agrega el fenomenal crecimiento de la extrema derecha representada por el Frente Nacional, cuya candidata presidencial,
Marine Le Pen -hija del viejo líder y fundador del partido, Jean-Marie Le Pen-, le resta votos a Sarkozy y a la derecha moderada que representa.Sarkozy siempre tubo un alto perfil de exposición pública. Basta con repasar algunos de los escándalos en los que se vio envuelto. Apenas ganadas las elecciones en 2007, causó polémica su descanso en el yate de un amigo multimillonario que había aportado fondos para su campaña electoral. En una oportunidad ofreció una conferencia de prensa en un estado más jocoso que lo habitual o, como sostuvieron muchos, en estado de ebriedad. Posteriormente, protagonizó una mediática separación de su segunda esposa en simultáneo con un romance -y posterior matrimonio- con la modelo italiana devenida cantante, Carla Bruni.

La actualidad encuentra al primer mandatario francés con una imagen disminuida ante la opinión pública, donde los sondeos no lo ubican siquiera entre los dos candidatos con posibilidades de llegar a una segunda vuelta o ballotage. Si ese presagio se tornara realidad, sería la primera vez en toda la historia de la V República Francesa, fundada por Charles De Gaulle en 1958, que un presidente en ejercicio, candidato a la reelección, quedaría fuera de la segunda ronda electoral. Sin embargo, existe en la política francesa actual un gran debate acerca de la necesidad de reglamentar y limitar a las consultoras de opinión pública dados los medios que utilizan para efectuar los sondeos, que aparentemente incurrirían en prácticas non sanctas, como por ejemplo, la entrega de incentivos a los encuestados y la omisión deliberada de algunos candidatos en los cuestionarios. No obstante ello, todos coinciden en vaticinar un fuerte crecimiento de la ultraderecha del Frante Nacional y una buena elección de los socialistas, entre quienes se disputaría hoy por hoy la presidencia.
Es por estos motivos que ante las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo en 2012, Sarkozy se muestra decidido a recobrar el protagonismo perdido recurriendo en primer lugar a la política internacional. Demostrando el liderazgo francés en el plano global espera insuflar orgullo a los franceses y mostrarse como un estadista, mientras apoya a algunos aliados internos de un peso considerable, concretamente, al sector empresario vinculado a la energía nuclear.
A la luz de estos objetivos es como debe entenderse la decisión del gobierno francés de ser el primero en apoyar a los rebeldes en Libia contra Muammar El Gadafi, al punto de reconocer al gobierno provisional como legítimo. En este sentido, Sarkozy no tuvo reparos en proceder incluso a costa de la Política Exterior Común de la UE, que se mantuvo expectante respecto de los acontecimientos en Libia. El ministro francés de Relaciones Exteriores, Alain Juppé, no tuvo reparos sobre el tema al expresar que "la política común europea de seguridad y defensa está muerta". Las divergencias que produjo la crisis en Libia, principal proveedor de petróleo de la UE y tierra fértil para las ganancias de varias empresas petroleras europeas, es la mayor desde la que generó la invasión de los Estados Unidos a Irak en 2003.
Es también bajo esta mirada que debe interpretarse la visita de Sarkozy a Japón y su ponderación del empleo para fines civiles de la energía nuclear. Tras la alarma mundial desatada por la crisis de la central nuclear de Fukushima, cuyos desperfectos fueron ocasionado, por el violento tsunami que azotó Japón, el gobierno francés fue el único que evitó sumarse a la histeria colectiva de muchos Estados que decidieron suspender sus planes nucleares, dando lugar a todo tipo de cuestionamientos, verosímiles e inverosímiles.Desde luego, habrá un antes y un después de Fukushima. Previendo eso es que Nicolas Sarkozy propuso una conferencia mundial de responsables de instalaciones nucleares para revisar las normas de seguridad, de manera tal de hacerlas más rigurosas, costosas y con alcance global. No obstante eso, tanto la propuesta y como la visita a Japón poco tienen que ver con gestos de solidaridad con el pueblo japonés, sino que responden al interés concreto de Francia en un sector en el cual es líder mundial, tanto por el rol que juega en su propio suministro eléctrico como por su potente industria nuclear.
Hasta en lo más elemental de la política doméstica existen instrucciones para que el protagonismo del presidente no se vea opacado. La primera dama, Carla Bruni, debió retrasar hasta después del verano de 2012 el disco que está grabando (y cuyo lanzamiento estaba previsto para el próximo otoño), para presentarlo una vez que se hayan celebrado las elecciones presidenciales.
El ataque de protagonismo de Nicolas Sarkozy en la escena mundial está encadenado a sus necesidades electorales en la política doméstica. Habitualmente sucede esto, pero no siempre la ligazón es con los intereses políticos personales sino con las estrategias políticas del gobierno en beneficio del país.
El caso de Sarkozy en Francia es uno de tantos liderazgos mediocres en una Europa que por momentos parece unida muy frágilmente. En Italia, el primer ministro, Silvio Berlusconi, está siendo juzgado por prostitución de menores y cohecho. En Alemania, la primera ministra, Angela Merkel, fue derrotada en las últimas elecciones regionales y su política exterior parece por momentos autista y alejada de lo que sucede en el mundo. En Portugal renunció el presidente mientras el país está a un paso del rescate financiero. En España, con índices astronómicos de desempleo, el gobierno no sabe por dónde desandar la crisis económica y financiera.

Pareciera que a los líderes europeos solamente los salva el protagonismo, pero no el propio, sino el del mal momentos de los otros, de lo tunecinos, de los egipcios, de los libios, de los japoneses...

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