lunes 11 de julio de 2011

MI ENFERMEDAD

El cáncer que padece el presidente Hugo Chávez, produjo numerosas especulaciones tanto en la política venezolana como en la regional. La comunidad internacional continúa expectante ante la evolución de la salud del líder del Socialismo del Siglo XXI. 
Parece que ahora todo está claro, pero nada lo está. ¿Qué tipo de cáncer padece Chávez? ¿Es terminal? ¿Qué será del Socialismo del Siglo XXI si la salud del presidente lo obliga a retirarse de la politica? ¿Está diciendo Chávez toda la verdad? Esos son sólo algunos interrogantes abiertos. 
Desde que el mandatario se internó en Cuba para operarse del absceso pélvico que lo aquejaba, las elucubraciones comenzaron y no sin razón. El primero en darles lugar fue el propio Chávez, porque en vez de delegar el poder en su vicepresidente, Elías Jaua, lo retuvo en sus manos, para lo cual el Congreso debió otorgarle un permiso especial. Menos justificable resulta el afán de Chávez de ejercer sus funciones, si se tiene en cuenta que, en Venezuela, el vicepresidente ejecutivo es designado o removido a gusto por el propio presidente. De hecho, la figura vicepresidencial en Venezuela es bastante atípica, dado que a las funciones habituales le agrega casi todas las de un jefe de gabinete de ministros y la de coordinar las relaciones entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo. Es decir, que para encontrarse en ese cargo, Jaua debe ser considerado por Chávez como una persona de extrema confianza. 
La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela sancionada en 1999 e impulsada por el propio Chávez, en su artículo 234 expresa que “las faltas temporales del Presidente o Presidenta de la República serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva hasta por noventa días, prorrogables por decisión de la Asamblea Nacional por noventa días más”. 
Cabe pensar entonces que Chávez decidió mantenerse en ejercicio de sus funciones para hacer una demostración de poder. Como es habitual en él, produjo una disociación entre el rol y el ocupante del rol. Esto último merece un análisis. La institución “presidente” -entiéndase institución como un conjunto de conductas, normas y pautas de comportamiento orientadas hacia un fin específico- comprende la posibilidad de que el presidente deba ausentarse por diferentes razones. Para esas eventualidades, la institución “vicepresidente” tiene entre sus funciones la de reemplazar al presidente en su ausencia. Ahora bien, el ocupante del rol presidente -en este caso Hugo Chávez- decidió ir más allá de lo pautado institucionalmente al solicitar al Poder Legislativo que le permitiera retener el poder ante la doble excepción de encontrarse fuera del país y convaleciente. Todo ello sin el agregado posterior de la desinformación acerca del estado de salud real del mandatario. Chávez suele provocar estas disociaciónes entre rol y ocupante del rol que le restan institucionalidad democrática y republicana a Venezuela y lo tornan imprevisible y peligroso para la comunidad internacional. Las preocupaciones, las especulaciones y las tensiones hubieran sido menores si, ceñido a lo que indica la Carta Magna, hubiera delegado sus funciones en Elías Jaua. 
Añadido a lo anterior está la ausencia informativa al pueblo venezolano y a la comunidad internacional respecto de la salud de Chávez. Las suspicacias acerca de una enfermedad grave no tardaron en presentarse. Y finalmente fue el propio Chávez quien públicamente salió a aclarar -o no, según se verá- lo que realmente sucedía. Cuando el presidente anunció que fue intervenido quirúrgicamente en dos oportunidades y que le extrajeron “células cancerígenas”, omitió la mayor parte de los datos importantes, como ser, cuándo se le realizó la segunda operación, cuál era la gravedad real de la enfermedad y qué tipo de tratamiento deberá seguir. 
La incertidumbre pareció disiparse con la primera aparición pública de Chávez a los pocos días de su segunda operación. Lo hizo para llevar tranquilidad a sus seguidores, pero lo que se vio y escuchó, generó aún más incógnitas. Un Hugo Chávez visíblemente más delgado, se dirigió de manera extremadamente emotiva al pueblo de Venezuela, refiriéndose en infinidad de oportunidades a “la batalla” que estaba dando. La metáfora militar es habitual en el mandatario, pero su repetición hasta el cansancio y su discurso emocionado con alusiones permanentes a la vida y a Dios, dan cuenta de que Chávez está librando un conjunto de batallas -es decir, una guerra- contra el cáncer donde no se ve todavía a un vencedor concreto. 
El hecho de que diera por iniciados los festejos del Bicentenario de la Independencia venezolana el 5 de julio desde el Palacio de Miraflores pero no asistiera a ellos y que en su ausencia las Fuerzas Armadas pidieran permiso al pueblo para retirarse tras el desfile, pueden ser interpretados como indicadores de la gravedad del estado real de salud de Chávez. 
Ante este panorama, surgen más interrogantes. Una de las expectativas que se abren es cómo se conformará el escenario político venezolano ante las elecciones presidenciales de 2012, ante la eventualidad de contar con un candidato físicamente disminuido o imposibilitado y padeciendo la ausencia de figuras dentro del oficialismo capaces de relevarlo. Esa quizás sea una de las debilidades más grandes del chavismo, responsabilidad del propio líder y su tendencia a monopolizar el poder en contra de una institucionalidad partidaria y democrática que pautara su relevo, a diferencia de lo sucedido en otros países, como por ejemplo, Brasil. Las democracias maduras pueden tener liderazgos fuertes o no, pueden prescindir de ellos y siempre tienen un recambio. 
Otra incógnita es si los diferentes espacios opositores en Venezuela serán capaces de aglutinarse para vencer proponiendo una oferta superadora al mero antichavismo. Dicho de otra manera, si lo que reune a las distintas vertientes opositoras es Chávez ¿qué sucedería si el líder bolivariano estuviera ausente en la contienda? 
Todas estas especulaciones son moneda corriente por estos días. Y es así en parte por el afán de algunos dirigentes políticos que creen que la debilidad física es inconfesable y va en detrimento del liderazgo y del éxito electoral. La información real acerca de la salud de los líderes políticos casi siempre es tamizada, pero no sólo no debe ocultarse sino que, en las sociedades altamente mediatizadas como las actuales, parece más conveniente acercarla al máximo posible a la realidad. Antiguamente, hasta en una de las cunas de la democracia, como los Estados Unidos, se suavizaba el estado de salud real de los presidentes. Así sucedió con Franklin Roosvelt y su invalidez como producto de la poliomielitis, con John F. Kennedy, quien padecía problemas en su columna y daños colaterales de heridas de guerra, o con el caso del alzheimer que tuvo el ex presidente Ronald Reagan
Actualmente, los partes médicos oficiales son la moneda corriente, ya sea en los Estados Unidos, en España respecto de la salud del Rey Juan Carlos I, y de casi todo sistema político democrático del planeta. De hecho, en Paraguay, la lucha contra el cáncer que libró exitosamente el presidente Fernando Lugo fue debidamente comunicada a la opinión pública. El cáncer linfático que padeció Dilma Rousseff mientras ejercía el cargo de Jefa de la Casa Civil durante el gobierno de Lula Da Silva y siendo candidata, no le impidió alcanzar la presidencia de Brasil. El ciudadano común y corriente que ve que sus líderes también enferman, puede desarrollar una mayor empatía con ellos. 
Lo contrario sucedió en Cuba, donde hasta el día de hoy, se sabe que Fidel Castro delegó el poder en su hermano Raúl debido a su salud, pero sin conocerse cabalmente qué enfermedad padeció o padece. 
Otro escenario posible sería uno en el cual Chávez, adquiriendo otras perspectivas a partir de su enfermedad, decidiera dejar de emular a Castro para buscar consensos democráticos más parecidos a los que se producen en otros países de América Latina.

0 comentarios:

Publicar un comentario